Las lesiones prostáticas son el mayor objeto de la cirugía endoscópica. En la actualidad están en plena discusión los procedimientos quirúrgicos a usar en el tratamiento de la hiperplasia prostática. Además, la industria farmaceútica está dedicando importantes recursos en la investigación del problema.
La cirugía abierta, resección de la próstata por vía abdominal, está indicada en el tratamiento del paciente con hiperplasia prostática sintomática, cuyo tamaño estimado sea superior a los 70 u 80 g y en aquellos lugares en los que no se disponga de aparatos de resección endoscópica. Ella es considerada por muchos como la técnica que con mayor seguridad alivia las molestias derivadas de la hiperplasia prostática.
Sus ventajas más notables son que no se abre ni la vejiga ni la logia prostática, no hay obviamente incisión cutánea y por ello casi no hay dolor postoperatorio, salvo el derivado del uso de una sonda uretro vesical por tres a cinco días. Su efectividad en desobstruir a los pacientes es del 90% aproximadamente. Un inconveniente posible es el síndrome de RTU, el cual consiste en hipoosmolaridad plasmática y tisular derivado de la absorción importante de agua o líquido hipotónico de la irrigación que se usa durante la RTU; las hemorragias intra y postoperatorias, y lesiones del esfínter, que afortunadamente son poco frecuentes. Este es actualmente el método de elección para el paciente que puede ser operado y cuya hiperplasia sea inferior a 70-80 g.